Una historia de miedo

A finales de marzo, con motivo de la Semana Santa, parte de mi familia y yo decidimos hacer un apetecible viaje a Cantabria y disfrutar de unos días de una siempre necesaria “desconexión”.

Lo cierto es que hicimos un montón de cosas, como ir al parque natural de Cabárceno, visitar el museo de la cueva de Altamira y conocer montones de lugares con un atractivo especial. Pero la experiencia que más me marcó, será la protagonista de esta entrada en el blog…

Nos habíamos alojado en una increíble casa rural de dos plantas y con unas vistas al “infinito” incomparables. Podíamos ver, a lo lejos, un acantilado que se asemejaba a lo que hace cientos de años, algunos hubieran considerado el final de la tierra.

El día anterior a marcharnos, rozando la medianoche y cuando ya estábamos a punto de dormir, sentí un murmullo extraño en la habitación en la que estaban instalados mi hermana, mi cuñado y mis sobrinos. Recuerdo que fuimos mi novia y yo, y preguntamos que qué pasaba mientras mi cuñado cerraba la puerta del pequeño balcón.

¿El panorama? Mi hermana, con una cara de susto jamás vista, mis sobrinos con una sonrisa nerviosa, y mi cuñado con su habitual tranquilidad intentando encontrar una explicación.

“Joy, vas a flipar” me dijo Marta mientras me hacía un gesto indicándome que esperara unos instantes en silencio. Unos segundos más tarde, una suave voz dejó escapar un tímido “Uh oh…”.

Yo, incrédulo, sonreí y dije que eran Sara o Lucas (mis sobrinos). Mi hermana me lo negó, así que esperé unos segundos mirándolos fijamente para ver si alguno hacía algún gesto. Y lo cierto es que ella tenía razón, y los pequeños permanecieron completamente inmóviles cuando volvió a escucharse el “Uh oh…”.

En cuestión de segundos, todos estábamos buscando de dónde provenía. Volvimos a ver por la ventana, pensando que podía ser un búho o cualquier ave con ganas de hacernos pasar un mal rato. Rebuscamos debajo de la cama, en los armarios…nada. El estremecedor sonido, que no paraba de repetirse una y otra vez, parecía colarse por alguna rendija, como si se tratara de algún alma en pena.

Creo que fueron los 10 minutos más desconcertantes de mi vida. Lo cierto es que yo no me sentía demasiado cómodo como para dormir en esa casa, que repito se encontraba en el medio de la nada…y levantarme al baño a las 4:35 y encontrarse a una niña pálida de espaldas arrastrando su osito de peluche, no es lo más apetecible de este mundo -a no ser que seas Iker Jiménez-.

Entonces, volvimos a escuchar ese escalofriante “Uh oh…” seguido de unos interminables segundos de silencio.

– Jorge: Marta…creo que sé de dónde viene el sonido.

– Marta: ¿De dónde?

– Jorge: Revisa el iPad de la mesilla…

Entonces, ella lo cogió…lo abrió…y efectivamente. Un juego infantil de vestir animalitos estaba en funcionamiento ya que el “autosleep” de la tapa no estaba activado.

Como veis, el crack de mi sobrino nos había hecho una gamberrada digna de un maestro sin ni tan siquiera haberse dado cuenta él mismo (lo cual le otorga el premio de “autogamberrada” épica).

¿Lo mejor de todo? Pues que mi madre no se despertó ni con las enormes carcajadas que dejé escapar aquella noche. Eso sí, antes tuve que cambiarme el pañal…

4 thoughts on “Una historia de miedo

  1. Miña nai!! Al leerlo aún siento por el cuerpo el canguis que sentí aquel día. Pablo estaba a punto de salir por la ventana porque parecía que la voz venía del tejado! Jajajaja, vaya paranoia!!!
    Me encantó cómo lo redactaste, totalmente fiel a la realidad.
    Muas!

  2. Uuufff menuda noche!!, jajaaj
    MiiiirA miiiira se escucha pa-pa!! Que miiiedo, las peliculas que nos montamos en la cabeza… Y mira tu que era, el gamberrote de Luquiiiis! Jajajaja
    Yo creo que si veo ese juego me vuelve a dar miedo!!!

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